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Aprendizaje total: 7 lecciones /1 cuestionario Tiempo: 4 semanas

1.1. Nancy Fraser: la justicia social multidimensional

Algunas ideas claves

La filósofa norteamericana Nancy Fraser propone una noción de justicia social a partir de un análisis crítico y propositivo de los movimientos sociales contemporáneos y sus reivindicaciones. En este contexto, su tesis principal es la interrelación entre las reivindicaciones de redistribución económica, las cuestiones identitarias. En algún momento, emergieron discursos políticos que consideraban estas ideas como excluyentes. Nancy Fraser aboga por incorporar lo mejor de la política del reconocimiento con lo mejor de la política de redistribución. He aquí una de las ideas claves de la teoría de Nancy Fraser:

“En líneas generales la tesis de mi ponencia sostiene que la justicia actual requiere tanto de la redistribución como del reconocimiento, ya que ninguna de las dos vías por sí sola es suficiente”.

Profundizando

Te invito a leer un extracto de una conferencia de Nancy Fraser titulada Redistribución y reconocimiento: hacia una visión integrada de justicia del género, que habla sobre el problema y las interrelaciones de los diversos discursos sobre justicia social. El test de verificación para aprobar el curso incluye una pregunta sobre esta sección.

“En el mundo actual las reivindicaciones de justicia social parecen dividirse en dos tipos cada vez más claros. El primero, quizá el más reconocido, hace referencia a las de redistribución, que reivindican una distribución más justa de bienes y recursos. Como ejemplos, tenemos las reivindicaciones de la redistribución Norte-Sur, de los ricos a los pobres, de propietarios a trabajadores, de hombres a mujeres, y de descendientes europeos a personas de color. Ciertamente, el reciente resurgimiento del concepto de libre mercado ha puesto a la defensiva a quienes proponen la redistribución. No obstante, las reclamaciones por una redistribución igualitaria han servido de paradigma para la mayor parte de las teonas de justicia social desde hace 150 años.’

Hoy en día sin embargo, nos encontramos con un segundo tipo de reivindicaciones de justicia social en las llamadas «políticas de reconocimiento». Aquí el objetivo que resulta más viable es un mundo que acepte las diferencias de un modo amistoso, en donde el asimilar las normas culturales dominantes o de la mayona ya no tenga el precio de un respeto igualitario. Algunos ejemplos incluyen las reivindicaciones del reconocimiento de las minorías étnicas, «raciales» y sexuales, además de la distinción de género. Este tipo de reivindicación ha llamado la atención a los filósofos de la política, algunos de los cuales pretenden desarrollar un nuevo paradigma de justicia que sitúe el reconocimiento en el centro.

Por lo tanto, nos enfrentamos, a grandes rasgos, con una nueva constelación. El discurso de la justicia social, antes centrado en la distribución, hace una distinción cada vez más pronunciada entre reivindicar la redistribución, o por el contrario, el reconocimiento. También tiende a predominar el del reconocimiento. La caída del comunismo, el resurgimiento de la economía de libre mercado, el auge de la «política de identidad» —tanto la forma fundamentalista como la progresista—, han contribuido a descentralizar, si no a extinguir, las políticas de redistribución. En esta nueva constelación, los dos tipos de reivindicaciones de justicia tienden a disociarse tanto en lo práctico como en lo intelectual. Dentro de los movimientos sociales, como por ejemplo dentro del feminismo, las tendencias de activistas que reclaman la redistribución como el remedio al dominio de los varones, se separan cada vez más de las tendencias que giran en tomo al reconocimiento. Lo mismo sucede entre los intelectuales de \a Academia estadounidense, en la que es raro que la teoría social feminista y los estudios culturales feministas se comuniquen entre sí. Esta situación muestra la insistente tendencia actual y muy extendida de desvincular la política cultural de la diferencia y la política social de la igualdad.

Además, en algunos casos esta disociación se ha convertido en una polarización. Algunos defensores de la redistribución rechazan por completo la política del reconocimiento; citamos el aumento de la desigualdad mundial recientemente documentado por la ONU, la cual concibe las reivindicaciones de reconocimiento de la diferencia como una «conciencia falsa», como un impedimento para lograr la justicia social.  Por contra, algunos defensores del reconocimiento aplauden este eclipse relativo de la política de redistribución; citamos el fracaso del igualitarismo económico (ciego para las diferencias) a la hora de asegurar justicia para minorías y mujeres. Consideran que las políticas de redistribución constituyen la esencia de un materialismo ya pasado de moda e incapaz tanto de articular como de desafiar las claves de la injusticia.’ En estos casos, se nos presenta efectivamente lo que es constmido como una elección: o redistribución o reconocimiento; o política de clase o política de identidad; o igualdad o diferencia; o pluriculturalismo o igualdad social. Afirmo que son antítesis falsas. En líneas generales la tesis de mi ponencia sostiene que la justicia actual requiere tanto de la redistribución como del reconocimiento, ya que ninguna de las dos vías por sí sola es suficiente. Sin embargo, teniendo en cuenta esta tesis no se puede evitar plantear cómo combinarías. Mantendré que los aspectos ematicipadores de las dos problemáticas requieren la integración en un único marco comprensivo. En teoría, se trata de inventar un concepto «bivalente» de la justicia que logre reconciliar las reivindicaciones que defienden la igualdad social con las que defienden el reconocimiento de la diferencia. En la praxis se trata de inventar una orientación política programada que incorpore lo mejor de la política de redistribución y lo mejor de la política de reconocimiento.”

Bibliografía recomendada

Para profundizar en los planteamientos de Nancy Fraser recomendamos leer:

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