Músicas

Música Contemporánea, reflexiones académicas y otros asuntos.

Farkas, Parra, Poesía y ¿Música Contemporánea?

Siempre se ha visto al empresariado chileno muy poco interesado en las artes “de vanguardia”. Normalmente, lo que acapara la atención y los fondos de las firmas nacionales no son los proyectos que buscan abrir nuevas rutas estéticas, sino aquellos que cumplen con el requisito de ser “inmediatas” y “fácilmente comprensibles”. Sin embargo, este comportamiento no es de extrañar ya que es consecuente con el pensamiento a corto plazo y con la lógica de la inmediatez que rige a la gran mayoría de la clase burguesa chilena.

 

         El reciente camuflado anuncio de que el empresario chileno Leonardo Farkas ha comenzado una misteriosa colaboración con el gran poeta (¿anti-poeta?) Nicanor Parra, nos debería hacer pensar en, por lo menos, dos ideas: lo avanzado del pensamiento estético del mencionado filántropo nacional y en la posibilidad-imposibilidad de que suceda lo mismo en relación al arte musical contemporáneo. En este sentido, nos resulta interesante como la poesía y otras obras inclasificables de Parra han encontrado un espacio en la ocupada agenda del empresario. Su forma y sentido, que radicalmente rompía con la estética inmediata de su época, aún hoy causa escozor en algunos círculos y, sin embargo, ha encontrado en el rubio millonario a un adepto.

 

         ¿No es esta situación una paradoja en un mundo en el cual el mercado, la “institución” que decide a quien financiar y a quien no, normalmente financia aquellas expresiones masivas en desmedro de un arte agresivo o abstracto y, por ende, menos concurrido?

 

         ¿Qué tan curioso es que Farkas, un excéntrico millonario, representante de una burguesía con un gusto artístico bastante kitsch y promedio, haya puesto interés (y parte de su poder adquisitivo) en la obra transgresora de Parra? ¿Será acaso el poder legitimador que el Premio Cervantes ha conferido al trabajo del bate el aliciente perfecto para convertir su obra en susceptible de recibir los fondos del acaudalado patrón? Es muy posible que haya sido el reconocimiento internacional (algo típico chileno) el factor determinante de la decisión farkiana o, tal vez, lo fuera el hecho de una genuina admiración estética por parte de Leonardo.

 

         Lo curioso de todo este asunto, al menos a nuestro modo de verle, es como se ha sido capaz de conciliar el gusto musical de Farkas (muy conocido por su pasado como tecladista en los Estados Unidos y por su “memorable” presentación en el Festival de Viña, con un show pop basado en sonidos muy mal sintetizados usados en malos covers de canciones populares) con esta admiración por la poesía parriana. Ante esta evidente e inexplicable asimetría de los sentidos, nos parece pertinente preguntarnos que tienen las palabras, ordenadas de la manera en que Parra las ha dispuesto en sus obras, que no tengan los sonidos, ordenados como lo ordenan los compositores contemporáneos al poeta. ¿Qué tiene la música, a diferencia de la poesía, que no encuentra cabida en el gran público (a nuestro parecer reflejado en Farkas)? ¿Son los sonidos más difíciles de digerir auditivamente que las palabras?

 

         Quisiera creer que en Farkas hay un renuevo de la burguesía chilena, aquella acostumbrada a asistir al Municipal creyendo estar en presencia de una expresión artística suprema, ya que identifica, tal vez con un dejo de esnobismo, en aquellas obras inmortales del siglo 19 a la gran música (la europea, por supuesto), en desmedro de lo que sucede en la actual, siempre cambiante y renovada (también oculta e invisibilizada) creación musical chilena.

 

         El “museo” de la música (eso es lo que a estas alturas se ha convertido el Teatro Municipal) que pareció estancarse mayormente en el siglo 19 (con unos breves atisbos de modernidad de principios del siglo 20) se ha convertido en el templo de los fieles y devotos a la antigua música que ésta bien nombrada institución defiende, santifica y promueve.

        

         ¿Por qué no ha sucedido lo mismo con los creadores de música contemporánea?

        

         Al parecer (-esto es lo que deseo fervientemente creer-) la burguesía chilena, siempre añorante de una Europa que ya no existe, ha madurado o está en vías de hacerlo. Si Farkas es capaz de generar un impulso en pro del arte del siglo 21, especialmente de la música, le perdonaremos todo el filisteísmo kitsch de sus presentaciones musicales.

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